February 12, 2026

Regresar a lo básico: Cómo manejar nuestras emociones II

By Maureen Zach
Integration
Mental Health & Wellbeing

En la primera parte, hablamos sobre un camino del medio para manejar nuestras emociones- no negarlas o darlas todo el poder- sino conectar con ellas. Las emociones son señales de lo que está pasando dentro de nosotros, entonces lo mejor que podemos hacer con ellas es ser curioso sobre lo que nos quiere decir y escuchar. Las emociones se tratan de conexión. Vamos a explorar más como nos deja conectar con nosotros mismos, con otras personas, y también con Dios.

Conexión con nosotros mismos

El acto de ser curioso sobre nuestras emociones nos lleva a conectar con lo que está pasando debajo de la superficie de nosotros mismos. Cuando nos enojamos, podemos ser curiosos sobre lo que parece injusto, como una injusticia en el mundo o contra nosotros mismos. Cuando tenemos miedo, podemos escuchar lo que parece peligroso, si es real o percibido. Las emociones nos dan una vista en nuestra experiencia del mundo, a lo que nos interesa, nos importa, y también en nuestra historia de vida.

Las emociones están muy conectadas a nuestras experiencias de la vida. Cuando somos curiosos sobre nuestras emociones, especialmente cuando las sentimos muy fuerte, podemos ver como una emoción es conectada con una memoria temprana o un problema en curso o un duelo. Por ejemplo, tal vez me sentiría triste cuando un amigo se muda, pero la tristeza puede ser más fuerte que la situación merece si he experimentado mucha perdida durante la vida. Podemos avergonzarnos a nosotros mismos si pensamos que la emoción no tiene sentido, que no debemos de sentir de esta manera, o si la sentimos demasiado fuerte. Pero esto es una oportunidad para ser curioso y preguntarnos: ?¿Por qué me siento así? Cuando he sentido así antes? Si es difícil hacer eso con ti mismo, puede ser de ayuda un psicólogo que pueda guiarte.

Tal vez, te preguntaras, ahora que? Ya sé lo que siento y por qué pero esto lo mejorará? En Atlas del Corazón, una enciclopedia de las emociones, Brene Brown afirma que “de hecho, la investigación muestra que el proceso de nombrar la experiencia emocional está relacionado con más regulación emocional y bienestar psicosocial.” Cuando vemos y entendemos nuestras emociones, esto es la última validación. Todos sabemos que cuando una persona valida nuestras emociones, hace a gran diferencia (más sobre esto más tarde). Decimos esencialmente a nuestras emociones, “Lo entiendo, tiene sentido, TE entiendo.”

Normalmente pensamos que las emociones son algo que necesitamos arreglar. Pero las emociones necesitan atención y presencia. A veces cuando entendemos una emoción, nos lleva a una acción o un paso adelante. Necesitamos hablar con la persona que nos mostró una falta de respeto, o hacer la cosa que se siente temerosa. Pero, lo que necesitan las emociones primero y ante todo es conexión y consuelo. La primera cosa que podemos hacer cuando sentimos una emoción es darle nuestra presencia. Prácticamente, esto puede ser sentarse con la emoción y respirar profundamente o dejarnos llorar. También, puede ser hacer una actividad como escribir en un diario, dibujar, caminar, o escuchar música, algo que te da un lugar para sentir y estar con tus emociones.

Conexión con otras personas

Dar consuelo a nuestras emociones puede tener más sentido cuando consideramos el bálsamo calmante que es la presencia de otra persona cuando sentimos algo muy fuerte. Espero que todos conozcan la experiencia curativa de sentarse con un amigo y compartir con él cómo nos sentimos y recibir su consuelo. Tal vez, tenemos la experiencia de ser honesto con nuestras emociones con otra persona y sentirnos invalidados, no escuchados, o como un problema que tiene que resolver. ¿Cuál es la diferencia entre estas interacciones? En la segunda, recibimos mensajes directos o indirectos que lo que nos sentimos es equivocado, no tiene sentido, o que no debemos de sentir de esta manera. Estas interacciones pueden fluctuar de ser dicho, “no llores” a “no está tan mal” a “estas siendo ridiculoso.”

Los que recibimos en la primera experiencia, lo que todos queremos de la otra persona es, “lo entiendo”, “qué difícil” o “dime más.” Tal vez no son palabras, sino alguien que se sienta con nosotros, llora con nosotros, o nos da un abrazo. Aunque no resuelve la situación que incitó la emoción necesariamente, no estar solo en la emoción y en nuestra experiencia hace todo la diferencia. Además, una vez que recibimos el consuelo de otra persona, estamos mucho más listos para ir adelante y hacer lo que es necesario.

A menudo no somos capaces de hacer esto para otras persona- no queremos que se sientan tristes o preocupados, entonces les decimos cosas intentando arreglar la emoción o hacerla desaparecer. Pero a través de eso conscientemente o inconscientemente invalidamos su experiencia. Acuérdate, no arregla, esté presente. Irónicamente, cuando más podemos hacer esto para nosotros mismos, más podemos hacer esto para otras personas. Además, si eres bueno en conectar con otras personas en sus emociones, puedes aplicarlo a ti mismo y practicar en ofrecerte a ti mismo el consuelo que das a otras personas.

Conexión con Dios

Una oportunidad final de conexión con las emociones es con Dios. Dios quiere que nos vayamos a Él con nuestra emociones. La Biblia es una historia de amor de Dios buscándonos, queriendo estar en una relación con nosotros. El ya sabe lo que nos siente, así que más vale hablar con Él sobre nuestras emociones. Los salmos son un gran ejemplo de la gente de Dios yendo a Dios en sus emociones, aun cuando la emoción está dirigida a Dios. David clamó en enojo y tristeza en salmo 22, “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué estás lejos para salvarme, tan lejos de mis gritos de angustia? Dios mío, clamo de día y no me respondes; clamo de noche y no hallo reposo.” No se avergüenza llendo a Dios, y Dios se reúne con él en su emoción.

Jesus fue un ejemplo de Dios en la carne estando con la gente en sus emociones. Mi ejemplo favorito de esto es con Maria y Marta después de la muerte de su hermano Lazaro, antes de que Jesus los resucite en Juan 11. Jesus estaba presente con Marta en su enojo de que su hermano no hubiera muerto si Jesús hubiera estado ahí. Jesus no la trata, sino que la valida porque su emoción revela su fe en Él como la resurrección y la vida. Después cuando Maria se acerca a Jesus con lágrimas, Jesus no le decia que no llore y levante a Lazaro en este momento para parar las lágrimas. El llora con ella, sabiendo que ella va a estar con su hermano en un minuto. Él está con ella en su dolor, y da honra a sus emociones.

Podemos ir a Dios en nuestras emociones, “depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” 1 Pedro 5:7. Esto no solo no ayuda a procesar nuestras emociones, sino a profundizar nuestra conexión con Dios cuando le damos acceso a nuestras partes vulnerables.

Las emociones se tratan de conexión. Conexión con nosotros mismos, conexión con otras personas, y conexión con Dios. Espero que esto ayude a ver las emociones más como amigos que enemigos, pequeñas partes de nosotros que necesitan ser vistos y escuchados. Cuando nos enfocamos en curiosidad, conexión, y consuelo, las emociones añaden significado y profundidad a nuestras vidas y a este mundo loco.

Written By

Maureen Zach

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